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21 de noviembre de 2016

Preguntas y Respuestas sobre el Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactivadad

Dra. Magdalena Correa, psiquiatra infantil, Fundación Nepsis

Me ha tocado escuchar en múltiples ocasiones muchos conceptos erróneos de lo que es el Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH). En estas líneas quise responder los mitos más frecuentes que rodean esta patología. 

¿Existe el TDAH?
Sí. Es un cuadro caracterizado por hiperactividad, impulsividad y dificultad en poner atención y está descrito desde hace muchos años. Ha ido recibiendo diferentes nombres durante su historia; recién en los años ochenta se le empezó a llamar TDAH, pero el cuadro como tal es bastante antiguo.

¿Está sobrediagnosticado? 
Probablemente sí en algunos casos y subdiagnosticado en otros. En Chile tenemos una prevalencia de 10,3 % (Dr. Vicente y De La Barra, año 2012), que es coincidente con la estadística del resto del mundo. 

¿Todo niño inquieto o desmotivado con el colegio tiene un TDAH? 
Obviamente no. Cuando se recibe un niño con estas características es necesario hacer un estudio profundo de lo que le está ocurriendo para poder diferenciar entre diferentes diagnósticos. Siempre hay que descartar trastornos de origen neurológico, que si bien son infrecuentes pueden estar explicando la conducta del niño. Esto incluye trastornos metabólicos, genéticos y otros síndromes neurológicos. Se debe siempre hacer una historia del desarrollo completa, desde el embarazo en adelante, conocer su temperamento y su desarrollo en las diferentes etapas. Es necesario obtener información de los diferentes medios en que funciona el niño: colegio, casa y actividades extraescolares. Se deben buscar antecedentes familiares de TDAH o con trastornos del ánimo, para diferenciar los diagnósticos. Hay que descartar situaciones familiares que puedan haber gatillado este comportamiento en el niño, que pueden ser normales, como el nacimiento de un hermano, cambio de casa, y otros, como aquellas más difíciles de manejar como la muerte de un cercano, la separación de los padres, el maltrato u otros traumas. 
En mi práctica clínica, me toca diferenciar muchas veces entre niños que efectivamente tienen TDAH y aquellos que tienen trastornos del ánimo. Estos últimos suelen ser niños irritables, tristes, que no disfrutan. Esto normalmente es en respuesta a una situación ambiental, en un niño que tiene genética para reaccionar de esta manera. Los niños con TDAH muchas veces tienen también trastornos del ánimo, pues se sienten sobreexigidos por los adultos, sin que ellos puedan dar la respuesta que se espera de ellos, generando frustración y tristeza, que muchas veces sigue presentándose como conducta impulsiva e irritabilidad. 

Si un niño tiene TDAH, ¿explica eso todo lo que le pasa?
No. De hecho es muy frecuente que se presenten trastornos concomitantes, es decir dos cuadros al mismo tiempo. Un ejemplo frecuente son los trastornos de ansiedad y los trastornos oposicionistas desafiantes. 

¿Cuál es el tratamiento del TDAH?
Una vez aclarado el diagnóstico, se debe realizar un tratamiento integral. Se debe partir el tratamiento por los cuadros acompañantes si es que los hay; porque a veces, al tratarlos disminuyen los síntomas que pueden parecer un TDAH sin serlo. 
El concepto general es que esto es multidisciplinario:

El apoyo escolar: se debe coordinar con el colegio para que sepan que están con un niño con estas características, explicando de qué se trata. Se les pide a los profesores flexibilidad frente a las conductas de este niño: va a ser necesariamente más inquieto, va a tener a veces respuestas impulsivas. Obviamente no se le puede permitir que transgreda reglas importantes como golpear compañeros o insultar a un profesor. Pero que se esté moviendo en la silla o que se balancee pueden ser conductas aceptables, que no lo dañan a él ni al resto. Hay que pensar en conjunto estrategias para que canalice su energía y pueda tener áreas en que se sienta competente, como por ejemplo el deporte, que tenga la posibilidad de salir unos minutos de la sala si está agobiado entre otras cosas. Puede que sea necesario el apoyo pedagógico y la evaluación diferenciada según la gravedad del caso. 

Los padres: muchas veces los padres se exasperan por los resultados académicos de los niños y por el constante apremio del colegio para que funcione bien. Hay veces que me encuentro con “padres-abogados”, que defienden a su hijo a como dé lugar del colegio como agresor. Luego están los “padres jueces”, que se alinean con las reglas más rígidas del colegio y eso tampoco favorece el proceso. La actitud esperada es de una lenta aceptación que tienen un hijo con dificultades para autorregularse y que hay que ayudarlo en desarrollar conductas y estrategias que le permitan lograr esto. Lo ideal es coordinarse con el colegio, buscar una forma de ayudarlo a través del refuerzo positivo (premios proporcionales al esfuerzo, siempre les pido a los padres que no se endeuden por un premio!!) y las reglas claras, además de los apoyos pedagógicos mencionados antes. 

Apoyo profesional: en este aspecto el psiquiatra debe determinar si es necesario o no el tratamiento medicamentoso según la gravedad del caso. Hay niños que utilizarán psicoestimulantes como el Metilfenidato o las anfetaminas, que son la primera línea de tratamiento; otros se beneficiarán de la combinación de medicamentos como los antipsicóticos atípicos (risperidona, aripiprazol entre otros), que disminuyen la impulsividad. Luego se debe determinar la necesidad de apoyo por psicopedagogo, terapeuta ocupacional o psicólogo según sea cada caso. 

El usar medicamentos, ¿aumenta el riesgo de ser adicto a las drogas?
No se ha demostrado que eso sea así. Incluso, hay cifras que muestran que es al revés: un niño con TDAH que no es tratado tiene más riesgo de usar drogas de abuso que aquel que ha recibido tratamiento. 

¿Se acaba el trastorno al madurar?
A veces sí y otras no. Muchos pacientes dejan de ser sintomáticos en la adolescencia. Otros tantos continúan con los síntomas pero de otro tipo, en que la inquietud no es lo que predomina, sino la dificultad para concentrarse, organizarse y autorregularse (tienen conductas de riesgo). 

Espero que estas líneas aclaren algo las dudas más frecuentes que me toca escuchar de los padres que traen niños con este cuadro. No duden en preguntar a su tratante o asesorarse adecuadamente si les han dicho que su hijo tiene TDAH. 
Negar el problema sin investigarlo no ayuda a los niños, y creer que la solución es solo una pastilla tampoco.