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30 de agosto de 2016

Sobre las tareas escolares ¿son realmente necesarias?

Desde hace un tiempo se ha estado desarrollando la campaña “La tarea es sin tarea”, con el objetivo de que se legisle en función de eliminar las tareas para la casa y que los deberes escolares sean una actividad que quede restringida a la jornada escolar.

Y vale la pena preguntarse, si cambiar la lógica de las tareas escolares, la exigencia de éstas, no sería un cambio que aunque a muchos parezca insignificante, pudiera hacer una gran diferencia.

Los terapeutas sistémicos trabajamos desde la premisa de que un pequeño cambio en el sistema, puede ser generador de cambios profundos en las dinámicas familiares. Cambios que alivian el dolor de los miembros de la familia que consulta y que claramente, mejora sus relaciones y aumenta la percepción de satisfacción/felicidad de sus vidas.

Como terapeuta familiar, no puedo dejar de imaginar, cómo era el clima emocional que reinaba en las familias hace 70 ó 50 años atrás, al momento de los deberes escolares. Cómo enfrentaban las tareas nuestras abuelas, nuestras madres. Y también recordar, cómo vivió mi generación el tema de las tareas escolares.

Claramente, hace 50 años atrás, la elección del colegio al que asistían los hijos e hijas, y el ingreso a éste, no era sinónimo de estrés. Tampoco era algo que se pensara antes de los 5 ó 6 años de vida de los hijos. No existía la angustia de las pruebas de ingreso ni las noches en vela que éstas provocan en los padres e hijos pequeños. El ambiente escolar se desarrollaba en un clima absolutamente distinto al de hoy.

Probablemente los niños asistían a colegios cercanos a sus hogares y el traslado hacia éstos, se hacía caminando o en un transporte público mucho menos atochado que el actual. Eran épocas, en que los espacios públicos permitían el encuentro con personas más que con autos o micros. El ritmo del país, de las ciudades, de las personas era distinto, mucho más lento, con menos urgencias y más pausas.

Los niños que asistían a la escuela/colegios, pasaban muchas menos horas en ellos y volvían a sus casas a almorzar, junto a toda la familia o al menos, junto a sus hermanos, su madre, y en muchas ocasiones, junto a sus abuelos.

Durante la tarde (o en la mañana, si la jornada era de tarde), en la mesa del comedor o de la cocina, mientras los adultos hacían sus quehaceres, los niños realizaban sus tareas escolares, con la supervisión y ayuda de éstos….para después, salir a jugar, al patio o a la calle, con sus amigas/os. Las pelotas, las bolitas, las cuerdas para saltar, las bicicletas, las muñecas, las tacitas, las pequeñas ollas o cualquier cosa que la imaginación infantil transformaba en juego o juguete, eran parte de la vida cotidiana de los niños y niñas, que luego de horas de disfrute y actividad física, entraban a sus casas cansados, agotados…de jugar.

Para los niños que hace 50 años iban a la escuela, la etapa escolar se integraba al mundo cotidiano de ellos y sus familias sin agobio. El rigor y la rigurosidad existían, pero eran sostenidos, enseñados y desarrollados por uno o más adultos que acompañaban y formaban. Los adultos estaban presentes en los procesos educativos y en los procesos de formación en general.

Claramente el ritmo al que se vive en la actualidad, es distinto. Todo es rápido, todo es urgente. El desarrollo de la tecnología nos ha permitido realizar muchas más cosas en menos tiempo y el tiempo que nos queda, lo llenamos con más actividades.

Para las familias con niños en edad escolar, existen horarios críticos y estresantes. Uno de ellos, la hora de levantarse. Es una de las horas del día de mayor estrés; los niños son exigidos para que se vistan rápido, tomen su desayuno -cuando alcanzan a hacerlo- mientras los padres preparan colaciones y almuerzos para sus hijos, al mismo tiempo que ordenan la casa y se preparan para iniciar ambos, su jornada laboral. Todo de manera apurada, porque el traslado, porque los tacos, porque el transporte escolar…así salen cargados de loncheras, mochilas, bolsos de deporte, instrumentos musicales. Todo lo necesario para realizar las actividades que el colegio/escuela exige u ofrece.

Cuando la familia es monoparental, este estrés se multiplica…

Otra hora de gran estrés para muchas familias actuales, es el momento en que todos vuelven a reunirse…

Generalmente ocurre entre las 6 de la tarde y 9 de la noche. Dependiendo por un lado, de las actividades extra programáticas realizadas por los niños y de cuánto demoren en trasladarse a su hogar, y por otro lado, de las jornadas y actividades realizadas por sus madres y padres, del tiempo que demoren en trasladarse del trabajo a la casa y las condiciones de este traslado. Si bien la intensidad del estrés no es independiente al nivel social de la familia y los estresores no son los mismos, la sensación de cansancio  agotamiento y sobre exigencia, es semejante.

Y esos estados de ánimo, son los que construirán el clima emocional del encuentro. Y en las familias con hijos en edad escolar, a la hora del encuentro, uno de los temas que ocupa la conversación y la preocupación son las tareas escolares. ¿Hiciste las tareas? ¡Apaga el computador, que tienes que hacer tareas! ¿Cómo que no tienes tareas? ¡Pero a esta hora me pides los materiales! ¡Ya te dije, deja el celular que te estoy hablando!

Padres cansados, agotados, que aman a sus hijos y que quieren darle todas las oportunidades para sean buenas personas y tengan un futuro más tranquilo y feliz. Hijos cansados, agotados, que intentan distraerse, evadirse de más obligaciones y deberes, que aman a sus padres y que serían profundamente felices, si al momento de volver a estar con su madre y/o su padre y/o su abuela(o) y/o su tía(o), pudiera existir un encuentro cálido y relajado, donde compartir sin juicios ni regaños, las actividades del día...o no compartirlas, si no lo desean, pero donde puedan estar juntos y en calma.

Claramente el tema no son solo las tareas, es mucho más que eso. Es qué otros cambios podemos hacer en lo personal y sin duda en lo institucional, para poder estar con los que amamos, creando y construyendo climas emocionales que permitan y favorezcan la construcción de vínculos seguros, profundos, nutritivos, que acojan y den oportunidad de desarrollo a cada uno de los miembros que componen una familia. Y que en ese clima se desarrolle la niña y el niño de hoy, de mañana y de pasado mañana, para que vaya paso a paso construyendo la confianza y la seguridad básica que necesita hoy, ahora…y sí por supuesto, que será la base donde se irá construyendo el resto de su vida.

El tema de las tareas, pareciera ser un cambio pequeño, pero posiblemente significativo. Por lo menos, en la vida de  muchas niñas, niños y sus familias.

 

Claudia Villaseñor

Psicóloga Infanto-Juvenil

Fundación Nepsis